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Aprender en casa

Pantallas, móvil y estudio: cómo encontrar el equilibrio

Ideas prácticas para que el móvil y las pantallas no se coman el tiempo de estudio ni el descanso: acuerdos, espacios y ejemplo.

Para familias
6 min de lectura

Las pantallas forman parte de la vida de nuestros hijos, también de su vida escolar. Se usan para buscar información, hacer trabajos, practicar idiomas o hablar con los compañeros. Pero el móvil, la tableta o la consola también pueden robar tiempo de estudio, de sueño y de juego. El objetivo no es prohibir, sino encontrar un equilibrio que funcione en casa.

El problema no es la pantalla, es el uso

No es lo mismo ver un documental con la familia que pasar dos horas deslizando vídeos cortos. Tampoco es lo mismo usar el ordenador para un trabajo que tener abiertas a la vez tres redes sociales y un videojuego. Cuando pensamos en pantallas conviene preguntarse: ¿para qué se usan?, ¿cuánto tiempo?, ¿en qué momentos?, ¿qué dejan de hacer por usarlas?

Estudiar con el móvil cerca

Estudiar con el móvil al lado, aunque esté en silencio, dificulta la concentración. Cada notificación, o simplemente la tentación de mirarlo, interrumpe el trabajo, y volver a concentrarse lleva su tiempo. Muchos estudiantes creen que pueden hacer varias cosas a la vez, pero en realidad van saltando de una a otra y todo les lleva más tiempo.

Algunas medidas sencillas ayudan mucho:

  • Dejar el móvil en otra habitación durante los bloques de estudio.
  • Activar el modo «no molestar» o silenciar las notificaciones de las aplicaciones.
  • Usar un temporizador que no sea el del móvil.
  • Si se necesita el ordenador, cerrar las pestañas que no tengan que ver con la tarea.
  • Reservar las pausas para mirar mensajes, y que sean pausas cortas.

Acuerdos familiares

Las normas impuestas sin explicación suelen durar poco. Funciona mejor sentarse y llegar a acuerdos, sobre todo con adolescentes. Algunas familias elaboran un plan digital familiar: un documento sencillo donde se recogen los acuerdos sobre pantallas para todos los miembros de la casa, adultos incluidos.

Algunos acuerdos habituales son:

  1. Zonas sin pantallas: la mesa durante las comidas y el dormitorio por la noche.
  2. Momentos sin pantallas: mientras se estudia y la hora antes de dormir.
  3. Un lugar común donde se cargan los móviles por la noche, fuera de los dormitorios.
  4. Qué aplicaciones y juegos son adecuados para cada edad.
  5. Qué hacer si algo en internet incomoda o asusta: contarlo sin miedo a castigos.

Revisad los acuerdos de vez en cuando. Lo que funciona a los diez años no sirve a los quince, y la autonomía debe crecer con la edad.

Pantallas y sueño

Usar pantallas justo antes de dormir dificulta conciliar el sueño, tanto por la luz como por la actividad mental que generan los vídeos, los juegos y las conversaciones. Además, tener el móvil en el dormitorio facilita quedarse despierto hasta tarde. Y el sueño es fundamental para aprender: durante la noche se consolida lo estudiado durante el día.

Dejar los dispositivos fuera del dormitorio por la noche es una de las medidas más eficaces y sencillas que puede tomar una familia.

El primer móvil

No hay una edad mágica para el primer móvil. Depende de la madurez de cada niño o niña, de sus necesidades y de las normas familiares. Antes de dárselo, conviene hablar de para qué lo va a usar, qué normas habrá y qué riesgos existen. Muchas familias empiezan con un dispositivo con funciones limitadas y control parental, y van ampliando la autonomía poco a poco.

Si tienes dudas, en el artículo sobre seguridad en internet para menores encontrarás recursos públicos y gratuitos, como la línea de ayuda 017.

El ejemplo de los adultos

Es difícil pedir que un adolescente deje el móvil si los adultos de la casa no lo sueltan en la cena. Los niños aprenden mucho más de lo que ven que de lo que les decimos. Revisar nuestro propio uso es, probablemente, la medida más eficaz de todas.

Alternativas reales

Reducir las pantallas funciona mejor cuando hay algo apetecible a cambio: juegos de mesa, deporte, salir al parque, cocinar juntos, leer, construir algo, quedar con amigos. No se trata de llenar la agenda de actividades, sino de que haya opciones atractivas cuando se apaga la pantalla. Aburrirse un poco también es sano: del aburrimiento suelen salir ideas y juegos nuevos.

Señales para estar atentos

Si notas que el uso de pantallas provoca discusiones constantes, que afecta al sueño, a las notas o a la relación con los amigos, o que tu hijo o hija se muestra muy irritable cuando no puede conectarse, conviene hablarlo con calma. Si la situación preocupa, puedes pedir consejo al centro educativo o a su pediatra.

Resumen

  • El móvil, lejos durante el estudio.
  • Acuerdos familiares claros y revisados según la edad.
  • Pantallas fuera del dormitorio por la noche.
  • Los adultos, los primeros en dar ejemplo.
  • Alternativas atractivas para el tiempo libre.

Las pantallas han llegado para quedarse, y nuestros hijos tendrán que aprender a convivir con ellas. Nuestro papel es ayudarles a usarlas con criterio, para que sean una herramienta y no un obstáculo.