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Aprender en casa

Dormir bien para aprender mejor

Por qué el sueño es parte del aprendizaje y qué rutinas ayudan a que niños y adolescentes descansen lo que necesitan.

Para familias
5 min de lectura

Solemos pensar en el sueño como el tiempo en que no hacemos nada. En realidad, mientras dormimos el cerebro trabaja intensamente: ordena lo vivido durante el día, consolida los recuerdos y se prepara para aprender cosas nuevas. Por eso, dormir bien no es un lujo para los estudiantes, sino una parte esencial del aprendizaje.

Qué pasa cuando no se duerme lo suficiente

Un niño o un adolescente que duerme poco suele tener más dificultades para concentrarse, recordar lo que ha estudiado y controlar sus emociones. Puede estar más irritable, más despistado o más cansado en clase. A veces, lo que parece falta de interés o un problema de conducta tiene que ver, en parte, con el cansancio.

El efecto se acumula: dormir mal una noche se nota, pero dormir poco de forma habitual durante semanas se nota mucho más.

Cuánto hay que dormir

Las necesidades de sueño cambian con la edad y también de una persona a otra. Como orientación general, los niños en edad escolar necesitan bastantes más horas de sueño que los adultos, y los adolescentes siguen necesitando más que un adulto, aunque a menudo duerman menos. Si tienes dudas sobre lo que necesita tu hijo o hija, su pediatra es la mejor persona a quien preguntar.

Una señal práctica: si cuesta mucho despertarle por la mañana, si se duerme en el coche o en el sofá a media tarde, o si los fines de semana duerme muchas horas más que entre semana, probablemente necesita dormir más.

Los adolescentes y su reloj

En la adolescencia, el reloj biológico tiende a retrasarse: el sueño llega más tarde por la noche y cuesta más levantarse por la mañana. No es pereza, es un cambio natural. El problema es que los horarios escolares no cambian, así que muchos adolescentes acumulan falta de sueño entre semana.

Por eso es tan importante proteger las horas de sueño en esta etapa: evitar pantallas a última hora, mantener horarios lo más regulares posible y no dejar el estudio para la madrugada.

Rutinas que ayudan

El sueño se entrena. Estas rutinas favorecen un descanso de calidad:

  • Horarios regulares: acostarse y levantarse a horas parecidas cada día, también el fin de semana en la medida de lo posible.
  • Una rutina previa: cena ligera, aseo, pijama, un rato de lectura o conversación tranquila. Repetir los mismos pasos ayuda al cuerpo a prepararse para dormir.
  • Pantallas fuera: apagar dispositivos un rato antes de acostarse y no tenerlos en el dormitorio.
  • Un dormitorio agradable: oscuro, silencioso y a una temperatura cómoda.
  • Actividad física durante el día: moverse ayuda a dormir mejor, aunque conviene evitar el ejercicio intenso justo antes de acostarse.
  • Cuidado con las bebidas estimulantes: refrescos con cafeína y bebidas energéticas no son adecuados para menores, y menos por la tarde.

Exámenes y noches en vela

Quedarse estudiando hasta tarde la noche antes de un examen es una costumbre muy extendida, pero suele ser contraproducente. Sin descanso, el cerebro rinde peor: cuesta más recordar y razonar. Es mucho más eficaz repartir el estudio durante varios días y dormir bien la víspera.

Si tu hijo o hija suele acabar estudiando de madrugada, puede ser una señal de que necesita ayuda para planificar mejor. Revisad juntos la agenda y repartid las tareas con antelación.

La siesta

En Infantil, la siesta es habitual y necesaria para muchos niños. A medida que crecen, la mayoría deja de necesitarla. En adolescentes, una siesta corta puede ayudar a recuperar energía, pero si es muy larga o muy tarde puede dificultar dormir por la noche.

Cuando el sueño preocupa

Si tu hijo o hija tiene dificultades persistentes para dormirse, se despierta muchas veces, ronca mucho, parece cansado aunque duerma suficientes horas o tiene pesadillas frecuentes, coméntalo con su pediatra o su médico de familia. También si notas que la preocupación por algo le quita el sueño.

Resumen

  • Dormir es parte del aprendizaje, no tiempo perdido.
  • Horarios regulares y una rutina tranquila antes de acostarse.
  • Pantallas fuera del dormitorio por la noche.
  • Repartir el estudio y no quitar horas de sueño antes de un examen.
  • Ante dudas o problemas persistentes, consultar con el pediatra.

Cuidar el sueño es una de las formas más sencillas, y más olvidadas, de ayudar a que nuestros hijos aprendan y estén bien.

Temas:sueñohábitossaludrutinasadolescencia

Artículo divulgativo de DeberesYa con información general. No sustituye el consejo del profesorado, de los servicios de orientación ni de los profesionales sanitarios.